En 1838 el Great Western entró en el puerto de New York con ciento cincuenta y dos pasajeros a los catorce días de haber zarpado en Bristol (Inglaterra), siendo este el primer transatlántico a vapor en llegar a los Estados Unidos. Mientras tanto en Argentina el bloqueo impuesto por Francia, estaba en plena acción. Había sido declarado formalmente por el almirante francés Leblanc el 28 de marzo de 1838. El cónsul Roger informará a París, el 4 de abril, que la intención era “infligir a la invencible Buenos Aires un castigo ejemplar que será una lección saludable para todos los demás estados americanos” (...).

Corría el año 1839, cuando el terrateniente Pedro Castelli, hijo del prócer de mayo y el coronel Manuel Rico, 2º jefe del 5º Regimiento de Campaña, movilizaron a los estancieros en general descontentos por el bloqueo comercial que sufría Rosas en ese tiempo. Entre los comprometidos se contaban el general Díaz Vélez, Crámer, los Ramos Mexía, Sáenz Valiente, Alzaga, Iraola y hasta el mismo hermano de Rosas, Gervasio, heredero del Rincón de López en la boca del Salado.

Un error de Lavalle, hizo que Rosas supiera de la conspiración por un mensajero interceptado en cercanías de la estancia del Secretario de la Junta Revolucionaria, Antonio Pillado, a 60 leguas de Dolores y rápidamente ordenó al coronel Granada, el 2 de octubre de 1839, que “tomase disposiciones enérgicas” y dispuso por circular del 10 de ese mes a los jueces de paz la detención de Castelli y sus cómplices Lacasa y Ezeiza.

Las estancias fueron recorridas por los complotados juntando peones y armamentos, concentrándolos en Chascomús y Dolores.

El pronunciamiento se produjo el 29 de octubre con la destrucción de un retrato de Rosas y rompiendo las divisas federales.

A Juan Manuel la insurrección del sur lo sorprende y aflige: son sus amigos, los estancieros, los que han querido derribarlo. El se conduce muy generosamente. Excepto Castelli, que es ejecutado en la persecución y su cabeza exhibida “para escarmiento” en la plaza de Dolores, nadie es ejecutado. El secretario de la Junta Revolucionaria, Antonio Pillado, sería puesto en libertad el 8 de diciembre de ese año, pero antes depuesto de todos sus bienes, incluida la estancia en cuyas cercanías fuera interceptado el mensajero que diera por tierra la sublevación contra el Restaurador.

El casco de esa estancia junto a las 89 hectáreas de campo se sigue conservando hoy en el Partido de Presidente Perón, con el mismo nombre que la bautizara Don Juan Manuel de Rosas, en honor al hecho casi bendito que contribuyera a sofocar la sublevación en su contra, por ello la llamó “La San Antonio”, utilizando el nombre de su antiguo dueño.

Don Juan Manuel la conservó hasta su derrocamiento, utilizándola para retiros que realizaba de incógnito para no provocar un vacío de mando ante sus fuerzas.